Sábado, 30 de abril de 2011

Osvaldo Bayer en Zona 25

Guardar en Mis Noticias. Enviar por email

Historiador, escritor y periodista argentino, comprometido con la defensa de los derechos humanos y recuperación de verdades históricas.

[Img #2118]Documentó como nadie el movimiento de los obreros anarcosindicalistas y su brutal represión en los años 20, luego plasmado en el film La Patagonia Rebelde. Fue prohibido y empujado al exilio. Pero volvió y sigue dando pelea para sacudir las conciencias.

Osvaldo Bayer abre la puerta de El Tugurio, como dice el cartel en la entrada fileteado al mejor estilo porteño, y nos invita amablemente a pasar a su casa, colmada de libros e infinitos papeles. Cuenta que está escribiendo la Historia de la Crueldad Argentina, cuyo primer tomo es sobre Julio Argentino Roca y la matanza de los pueblos originarios. Durante la charla, las anécdotas y las vivencias se apilan, como los archivos en los estantes y en la mesa del patio. En estas páginas, apenas es posible una (muy) apretada síntesis de sus ochenta productivos años de pensamiento, palabra y accionar libertario.

¿Qué enseñanza le quedó de su trabajo en los cuatro tomos de los Vengadores de la Patagonia Trágica, sobre las huelgas patagónicas de 1921?

Bueno, que el tiempo pasa pero la verdad histórica triunfa. En febrero cumplí 80 años y Canal 7 pasó un film llamado La vuelta de Osvaldo Bayer. Es mi regreso a Santa Cruz, a los lugares que investigué hace 40 años. Allí pude comprobar que aquellos dirigentes obreros, fusilados de la forma más cobarde por el ejército argentino, hoy tienen un monumento y el recuerdo del pueblo.

José Font, ese gaucho entrerriano conocido como Facón Grande, tiene un hermoso monumento en Jaramillo, sitio donde fue fusilado. Albino Argüelles lo tiene en San Julián, la ciudad donde él dirigía el Sindicato de Oficios Varios. Eran todos de línea anarquista. Antonio Soto, el dirigente mayor de esa huelga, gallego, nacido en el Ferrol, hoy tiene una calle en la capital de Santa Cruz, en Río Gallegos. Las tumbas masivas están todas señalizadas, con pequeños monumentos, pero se las puede identificar. Es decir que la investigación que hice valió la pena. Finalmente se tuvo que reconocer ese crimen absoluto.

Penar por escribir

Poco tiempo duró el sueño de vivir como Bayer quería en la Argentina: escribiendo. Primero como periodista en el sur, en el periódico chubutense Esquel, que dirigió en 1957, hasta que en 1959 lo sacaron del pueblo a punta de pistola, acusado de difundir información estratégica. Ya en Buenos Aires trabajó en el diario Clarín, convocado por el director, Roberto Noble.

Por 1969 había escrito varios artículos sobre la matanza de obreros en las huelgas patagónicas, investigación que profundizó y se convirtió en tres libros, que a poco de ver la luz, se les vino la oscuridad. El primer tomo salió en 1972 y fue prohibido por el gobierno de Raúl Lastiri, yerno del nefasto José López Rega. El segundo lo prohibió Isabel Perón. En 1974 sale el tercer volumen y también se estrena, por pocos días, la película La Patagonia Rebelde dirigida por Héctor Olivera, con guión de Bayer. En el país se abría el abismo.

¿Cómo fue darse cuenta que se tenía que ir del país?

Fue tremendo. Me enteré por el diario, el 12 de octubre de 1974. Me levante temprano y crucé al bar de la esquina de mi casa a tomar un café y leer las noticias. Cuando abro el diario La Opinión, encuentro mi nombre en la lista que publicaba la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina, organización paramilitar creada por López Rega en su plan exterminador de supuestos enemigos e "infiltrados de izquierda").

Era mi sentencia de muerte. No fue muy difícil comprender lo que venía. Enseguida le dije a mi mujer que agarrara a los chicos, que tenían que salir ya del país. Ellos viajaron a Alemania y yo me quedé. Me negaba a irme. ¿Por qué? ¿Por haber escrito un libro y el guión de una película? Busqué refugio en las casas de amigos entrañables, pero no podía trabajar, no había donde publicar mis escritos, ni me pedían guiones de cine, y no podía andar por la calle, porque me bajaban. Así entendí, con mucho dolor, que no podía hacer nada.

Con la ayuda de la embajada alemana pude salir del país como refugiado político, el 20 de junio de 1976, ya con la dictadura militar. El agregado cultural de la embajada me acompañó hasta la puerta del avión, no se separó un minuto de mí. En el aeropuerto de Ezeiza estaba el brigadier Santuccione, que se acercó a saludar al funcionario, y me dice usted señor Bayer, jamás va a volver a pisar el suelo de la Patria, ¿me oye? Jamás. ¡Y yo tenía unas ganas de escupirlo! Pero me aguanté. Ese día, mirando por la ventanilla del avión, por primera vez temí morirme sin volver.

¿Se sintió contenido en Alemania?

Por el estudiantado, por pastores protestantes muy positivos y por una parte de la población, sí. Pero en ese momento tampoco se hablaba mucho de lo que pasaba acá. Los gobiernos argentino y alemán seguían manteniendo relaciones como si nada.

Al principio fue muy duro. Conseguí hacer traducciones de obras literarias hasta que el canal de televisión alemán Deutsche Welle me dio trabajo en su programación de habla hispana, donde leía las noticias en castellano. Así conseguí sobrevivir y financiar la publicación del cuarto y ultimo tomo de Los vengadores de la Patagonia trágica. Para mí era una cuenta pendiente culminar esa obra, no quería morirme sin terminarla. Lástima que tuve que hacerlo en el exterior y no en mi país. Ocho años después volví a la Argentina, y se me dio por recorrer las calles de Buenos Aires ¿Sabe por qué? Para ver si lo encontraba al brigadier Santuccione, para decirle Brigadier (hace la venia militar, abre los ojos bien grandes) estoy acá (señala el piso) ¡Pisando el suelo de la Patria! (risas). Después averigüé que ya se había muerto.

Accede para comentar como usuario
¡Deja tu comentario!
Revista argentina Zona25 • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2012 • Todos los derechos reservados
POWERED BY FOLIOePRESS