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Con mirada crítica, creativa y sin pelos en la lengua, Capusotto se dejó ver, a través del programa Peter Capusotto y sus videos, como alguien más que un actor que interpreta.
El cosmos infinito que abrazan sus personajes puede captarse en las palabras de la persona. Sin cassette, se le nota que no repite pero tampoco improvisa. En esta entrevista, habla de Argentina, la política, los medios de comunicación, los enemigos, y de cómo hace de todo eso un programa de rock.
A través de la ventana se lo ve llegar, de andar pausado y relajado. Apenas un libro bajo el brazo, cuando mira a ambos lados para cruzar la avenida Montes de Oca, es interceptado por un fan. El hombre de sonrisa extensa y desprejuiciada, agradece los halagos y firma el autógrafo de rigor. La sencillez que se le sospecha, se confirma al verlo ingresar al bar El Progreso, mítico punto de encuentro del barrio de Barracas, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, escenario de películas como Roma, de Adolfo Aristarain, o 1973, un grito de corazón, de Liliana Mazure. Y no es casual que Diego Capusotto haya elegido a El Progreso para esta entrevista, en una calurosa siesta porteña.
Nacido el 21 de septiembre de 1961, en Castelar, Provincia de Buenos Aires, es padre de las niñas Eloísa hija de su primer matrimonio- y Eva, junto a su mujer María Laura. Y la esencia peronista no sólo se devela en nombres, sino también, y más elocuentemente, en imágenes personificadas en algunos de sus más geniales personajes -como Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero- de su reciente y desopilante programa Peter Capusotto y sus videos, que en Argentina acaba de concluir su quinta temporada por Canal 7, la televisión estatal.
Originalmente emitido por Rock and Pop TV, el ciclo fue creado en 2006 por Capusotto y su coequiper de factoría y guionista, Pedro Saborido. De ahí el nombre Peter Capusotto
. El programa, mucho más que un programa de rock, como se anuncia, es ya un fenómeno que trascendió la pantalla chica para instalarse como el espacio visible desde donde se derrama el universo creativo del tándem Capusotto Saborido, marca registrada del humor inteligente, hacia las mentes de su público, que se las ingenió para seguirlo en todo el mundo a través de YouTube.
¿Cómo le explicarías a alguien que no te conoce por qué estás en boca de todos en Argentina?
Que les pregunte a los otros
sería más interesante no sólo que le explique cómo yo llegué a su boca, sino que sería importante saber qué le pasa al otro con lo que hacemos. Me resulta un poco obsceno explicar qué es lo que hacemos, porque en realidad lo hacemos para que cada uno haga una lectura personal. Hay quienes están fuera porque no les gusta y hay gente a la que probablemente le lastime, porque sustentamos ideológicamente todo lo que hacemos, aunque sea un gran desmadre o tienda a la desintegración de lo cotidiano. Lo paródico siempre está dirigido a algo que nos molesta.
¿Qué expectativas pones en tu trabajo? ¿Consideras político tu humor?
Sí, porque estás señalando algo. El humor es un lenguaje desmoronador de ciertas costumbres y tradiciones que uno no comparte, que están hechas para cagarnos la vida. Aunque sea un lugar común, el humor sirve para ciertas reflexiones en profundidad, de esto que llamamos realidad, que a veces no es más que signos ficcionales, una realidad que no existe, que está acomodada para que todos vivamos de acuerdo a códigos que no nos son comunes y que no nos dan placer.
Te referís a la construcción de la realidad a través de los medios de comunicación
En algunos casos el poder que tiene el medio de comunicación para hacerle creer al que está mirando o escuchando que la realidad es de determinada manera es bastante peligroso y no es más que una artimaña siempre con el fin de someter la voluntad de la gente que tiene que pensar la realidad de acuerdo a una voz autorizada que no se sabe qué es, pero que nos dice lo que es
y en esto involucro a la religión. Hay ciertos medios que son funcionales a colocar la situación social en este es el lado bueno y este es el lado malo. Y así genera violencia e ignorancia, se naturalizan cuestiones. Eso nos coloca a nosotros en un lugar de disputa y de devolver a través del lenguaje humorístico una serie de cosas que hoy circulan y que nos atraviesan.
En ese sentido, el programa con sus personajes se consolidó como una voz autorizada
¿sentís esa responsabilidad?
Yo tengo la responsabilidad de llevar a cabo una idea, pero como responsabilidad de vida. Lo que ha generado el programa es una cuestión de cierta autoridad porque ha tenido un desarrollo en el que hemos respetado la autogestión, sin negociar eso del chamuyo del éxito. Lo que hacemos no se desvirtuó en pos de eso que no se sabe muy bien qué es, el éxito o la voluptuosidad mediática. Esto es un ejemplo que aunque nos exceda supongo que debe servir para que haya gente que diga bueno, yo tengo que hacer lo que el alma me pide.
Tus personajes apelan a una cierta competencia del espectador, ya sea histórica, política, musical
¿cómo crees que se conjuga eso con la diversidad de público que te sigue?
Cada uno se ríe de lo que le es menos inasible y en algunas te quedas a fuera. Un programa siempre es un orden cerrado, no hay una finalidad de bajada de línea. Cuando decís, te ganas siempre enemigos, y en toda esta vorágine que es armar un programa y pensarlo en términos ideológicos y lúdicos, estamos todos involucrados y siempre sale de uno, no hay un plan para saber qué tipo de público va a ser aliado nuestro. Sí hay una idea sobre lo que queremos decir, pero no sobre cómo va a ser visto u oído. Hay un vacío ahí en la recepción, nosotros somos portadores de algo que le pertenece a unos cuantos.