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Quiero que mis canciones las silbe el kioskero. Se autodefine como paulatinamente popular y precavido al momento de producir canciones. Johansen habla del éxito, de los nuevos discos y de su visita a España.
Nació en Alaska, vivió en Estados Unidos, pero alcanzó el éxito en Argentina casi llegando a los cuarenta años. Dice ser un antropólogo de la palabra, disfruta de lo lúdico, y critica los excesos del marketing y el consumo. Kevin cuenta cómo intercala las giras y la producción en estudio de su nuevo material discográfico. Habla de la relación con sus padres y como lo influenciaron, de su compromiso social, del humor y la ironía.
¿Qué se viene de Johansen para el 2011?
Después de un año muy movido, de la salida del DVD Vivo en Buenos Aires, de muchos viajes por el país, por Latinoamérica, de tocar en España e Inglaterra, se viene nueva música. Desde febrero entro al santuario del estudio para continuar con Oski Amante un disco acústico que ya tenemos avanzado en un 70%. Y se viene otro, que en paralelo estoy preparando con Tweety González, con sonidos más bailables. Pero las grabaciones las voy a intercalar con shows en varios lugares, ya que en marzo estaré otra vez por España continuando con las presentaciones del disco, y luego en México.
El año pasado estuvo presente en distintos eventos importantes de la política del país, ¿cómo es su compromiso con las causas sociales?
El último fue por los derechos humanos, pero antes tocamos en el Congreso al votarse la Ley del Matrimonio Igualitario. Tal vez nosotros somos parte de una generación más apática respecto a la política, porque somos una generación heredera de los desaparecidos y de los cantautores que por cantar lo que pensaban o sentían iban presos, o los mataban, o se tenían que exiliar. Sumado a eso, todo este compromiso lo tengo muy presente porque tuve una madre muy bolivariana que me crió así. Y bueno, heredando todo esa situación uno se pone a pensar sobre qué canto si canto socialmente. Porque no es lo mismo tener 40 años que 60 y pico. Ellos le cantaban a la libertad.
¿Y sus letras a quién le cantan? ¿Cuál es su reclamo?
Obviamente sigue existiendo el mismo espíritu. Pero si hoy cantara sobre la libertad sería demagógico, quedaría ridículo. En mi caso pienso que hablamos sobre las libertades individuales, sobre la apertura mental que deberíamos tener para aceptar la libertad del otro.
El humor y la ironía, ¿son parte de su mirada crítica de la sociedad?
Totalmente. Esa es la parte rebelde también. Tiene que ver mucho con la ironía, que es una tristeza disfrazada, como una burka bajo la cual uno puede lucir las realidades más terribles, y eso engaña y obliga a una segunda lectura. En realidad, el humor obliga a profundizar.
El costado lúdico en la música, ¿de dónde surge?
Nace desde muy chico. Mi vieja era una mina políglota, entonces nos divertíamos con la palabra en casa. Se jugaba con la etimología y las sonoridades, porque escribir canciones también tiene que ver con eso, en ser un poco antropólogo de la palabra. Por eso mi idea siempre es combinar las dos cosas: sonoridad y sentido. Ese juego siempre estuvo muy presente en casa, y un poco el chiste era hacerla reír a la vieja con palabras que se me ocurrían e inventaba, muchas veces fusionando idiomas.
¿Cree que el éxito profesional llegó tarde o cuando tenía que llegar?
Me hubiera encantado que llegara a los 20, pero la verdad es que fue muy bueno en el momento que llegó, porque ahora me puedo reír después de haberla parido. Tuve muchos tropezones en la música. Los típicos cuando uno es pendejo de toparte con productores truchos. Tenía todas las ganas pero no sabía producir. Pero también había señales buenas como llegar al disco de oro con mi primera banda, Instrucción Cívica, en Perú. Y lo más importante fue encontrarse en el camino con gente grossa que alentaba lo que hacía.
Y ahora, que está en una mejor posición, ¿es fácil vivir de la música?
Claro que no. Te agarran los bajones como todo el mundo. Pero ahora creo que es diferente, porque si el éxito hubiese llegado antes me hubiese bajoneado más. Cuando uno es joven, vive en una nube de pedos, entonces un éxito a esa edad es duro. Pero como tuve que remarla, ahora lo aprecio más.
¿Cómo nacen canciones del estilo Mc Guevara o Che Donals?
Nace del consumo y la rebeldía. En el disco Logo hay otras que tienen que ver con la demagogia y el marketing. Sos tan fashion lo relaciono con sos tan facho y la uniformidad de la moda, en cómo repetimos modelos.
Uno es observador en ese sentido. Volviendo a la ironía, siempre que me aproximo a ella cuido que el trasfondo sea muy serio. Ya sea como en La cumbiera intelectual o Daisy, que hablan de cómo se fue aceptando el tema de la cumbia en el país en los estratos más pudientes, o el travestismo.
Por último, ¿tiene prejuicios cuando lo encasillan como un artista popular?
Para nada. Yo tengo el sueño de cualquier cancionista que quiere que su melodía la silbe desde el kioskero de la esquina hasta la señora que barre la vereda. El otro día, un ferretero del barrio de 68 años me dijo que le encantaba mi música, eso me gusta. Si tengo que definirme puedo decir que soy paulatinamente popular, porque no cuento con una maquinaria detrás que esté empujando. Pero creo que las canciones hicieron su trabajo, y lo más bonito que te puede pasar es que perduren, y que se escuchen en cualquier lugar del planeta.