Sábado, 30 de abril de 2011

Entrevista a Leonardo Sbaraglia

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Yo nunca había vivido algo así. Sensible, sencillo, y con un fuerte compromiso social, logró formar un camino sólido en el mundo actoral y personal. Reflexivo y observador de la actualidad y los cambios políticos, Leonardo Sbaraglia opina de todo, mientras no para de trabajar. Premios y proyectos futuros. No hay ámbito actoral en donde no esté su sello.

[Img #2053]En su paso por Argentina, que cada vez es más prolongado en su estadía, regresó a la pantalla chica de la mano del personaje de Francisco Canaro en el ciclo "Lo que el viento nos dejó"; gira teatral con "Contrapunto"; su último film "Sin retorno", donde interpreta un ventrílocuo que cae preso por una muerte que no cometió. Leo, como le dicen de chico, cuenta a Zona25 los motivos que lo impulsaron a escribir una carta a los argentinos cuando se enteró de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. Habla del lazo que lo une entre España y Argentina, las crisis, los cambios políticos, y adelanta sus futuros trabajos.

¿Cómo nació la idea de escribir una carta a la Presidenta Cristina Fernández y a los argentinos?

Sentí la necesidad, porque quedé muy afectado cuando me enteré  que Néstor Kirchner había fallecido. En ese momento yo estaba presentando la película Sin Retorno, en Valladolid, y me conmocionó la noticia. No lo podía creer, me impactó, sobre todo porque había surgido la posibilidad de reunirme con Néstor el próximo año para hablar de una alternativa interesante. Y justo me llamó una periodista del diario El País para pedirme una valoración del ex presidente y no lo dudé. Me pareció una muy buena oportunidad escribir en el diario, sobre todo que en los últimos tiempos desde ese medio no se transmiten buenas noticias de la Argentina. Me pareció bueno poder aportar otra voz.

¿La planificaste o surgió de manera espontánea?

La escribí en el avión, cuando viajaba para Argentina. Me pareció muy lindo poder opinar lo que sentía y eso hice. Escribí con las entrañas y la terminé cuando llegué a las 5 AM. Pero en el medio pasó de todo, hasta me quedé sin batería en la notebook; por suerte se lo comenté a una azafata (Adriana Subirá, un nombre muy apropiado para su profesión) y con muy buena onda intentó ayudarme desde el primer momento, además de confesarme que compartíamos las mismas ideas y puntos de vista de la política.

¿Después de atravesar distintos conflictos políticos y sociales, cómo ves al país?

Argentina es un país maravilloso. Recuerdo que llegué a España poco antes que se desatara la crisis del 2001 y fue muy fuerte ver el contraste de ambos países. Pasé navidad en Madrid y era angustiante ver lo que sucedía en mi país.
En ese momento España estaba en su apogeo, y fue tremendo ver familias llena de regalos, la euforia capitalista, con el contraste de las noticias que recibía. A veces es peor informarte por televisión, que vivirlo en directo. Era la sensación que tenía cuando uno hablaba con la familia. Pero también tengo que decir que la gente en España en ese momento fue muy solidaria.

¿Cuándo viajás, te encontrás con una Argentina distinta?

Me parece que vivimos en un país, y en una sociedad fantástica. Lo creo realmente, y más al haber vivido tantos años afuera te das cuenta de lo viva que está la sociedad Argentina. De lo luchadora, de lo original que es en la lucha, de la creatividad, de la capacidad de reacción, de la capacidad ideológica, de tantas construcciones originales. Por ejemplo, lo del juicio a las juntas es una idea absolutamente única en el mundo, y eso sucedió en nuestro país.

¿Qué otros puntos te enorgullecen?

Muchos. Que se haya aprobado la posibilidad del matrimonio igualitario, la asignación universal por hijo, el fútbol para todos, hay tantas cosas, la Ley de medios. Tantos logros conseguidos que uno comparte, es decir, más allá de los matices que pueda haber y decir este negocio es para unos, o el otro es para otros, pero estamos hablando que si esos son los intereses, ¡pues que sigan con esos intereses! son más humanos.
Y en ese sentido, hay un montón de temas interesantes al margen del gobierno. Hay tanta gente que vino a la Argentina, escapándose o refugiándose, o con la continuidad de un proyecto que no le dejaron seguir en España con la guerra civil. Existe un sentido internacionalista. Insisto, es un país original inclusive en su expresión cultural tan fantástica y amplia que ofrece y supera los 400 espectáculos por año en Buenos Aires. Es única en el mundo, porque estas propuestas no ocurren ni en España ni en otras partes.

¿Imaginabas encontrar una Plaza de Mayo colmada de gente expresando dolor?

Se me caían las lágrimas. El mismo día que llegué y terminé la carta, dejé las maletas en casa y empecé a ver por TV todo lo que iba ocurriendo y me fui a Casa de Gobierno, me presentaron a Cristina, y la pude saludar, fue muy vibrante.
Me movilizó la necesidad de estar. Yo no soy militante peronista, como lo dije en la carta, no tengo preferencia por ningún partido político, pero coincido en muchas decisiones que se tomaron en este Gobierno. Creo que muchas de las medidas de este modelo deberían ser apoyadas por cualquier gestión, porque son ideas tremendamente humanas y maravillosas. Fue la expresión de la gente más auténtica que vi en mi vida, yo nunca había vivido algo así, nunca lo vi, sobre todo ver a tanta gente joven.
Fue espontáneo, no estaban ahí por un pancho y una gaseosa como dijeron algunos medios...
Claro, además sería una locura pensar eso, te fundís si tenés que pagar a toda esa gente (se ríe).

¿Qué diferencias notás entre los jóvenes argentinos y españoles, y su manera de manifestarse políticamente?

Es difícil compararlos por la historia que les tocó vivir. Es muy distinta. No hay que olvidar que el joven español cuenta con una historia de 40 años de franquismo,  y eso pesa a la hora de manifestarse. Esas expresiones, por ejemplo se notaron con el proceso que le tocó vivir al juez Baltasar Garzón y su impedimento de revisar el pasado, la sociedad no quería eso.
Es como que el joven español no tiene la misma posibilidad que el argentino, de poder hablar aunque sea con otras generaciones sobre ciertos temas políticos, de enfrentar el horror de las dictaduras y actuar de otra manera. El cambio es más lento. Así y todo, España tiene gente maravillosa, de una humanidad asombrosa. De todos modos, en el último tiempo, los españoles marcharon contra las invasiones de países, las guerras, y asumieron mayores compromisos sociales. Es cuestión de tiempo.
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